VASCONCELOS: POLÍTICO Y EDUCADOR

Sin duda, uno de los personajes más influyentes del siglo XX en la historia de México fue José Vasconcelos. Educador, político, filósofo, escritor, este polifacético hombre fue testigo de la decadencia del porfiriato y de los turbulentos años que le siguieron a raíz de la revolución iniciada en 1910.

Admirado por algunos, odiado por una gran mayoría, el “Maestro de América”, además de polifacético fue un personaje muy controversial.

Su irreverencia hacía alguno de los caudillos de la revolución con Venustiano Carranza y Plutarco Elías Calles le valió el exilió del país en diversas ocasiones; su simpatía por los cristeros también lo posicionan como un “reaccionario”.

Sin embargo, Vasconcelos fue un personaje progresista, así lo demuestran sus propuestas como candidato a la presidencia durante las elecciones de 1929. Así también, su labor como educador es una muestra palpable de la visión, nada retrógrada de este hombre.

El presente trabajo tiene como objetivo, sin más rodeos, hacer una defensa de José Vasconcelos, pues hoy en día su figura se encuentra “satanizada” y en el peor de los casos relegada a un segundo plano cuando se habla de la revolución mexicana. Para cumplir este objetivo explicaremos dos de sus facetas, que en opinión de quien escribe estas líneas fueron las más importantes en la vida, pues por medio de ellas el nombre de José Vasconcelos se convirtió en sinónimo de patriotismo.

Es claro que en un ensayo de menos de veinte páginas explicar en su totalidad tan solo la vida como político y educador de José Vasconcelos es una tarea imposible, incluso ridícula, sin embargo, en estos días cualquier homenaje que se le haga a este ilustre mexicano es bienvenido.

El Político.

Quizás la carrera política de Vasconcelos no llegó a ser tan exitosa si se le compara con su carrera como educador, debido a que nunca mantuvo la boca cerrada ante aquello en lo que no estaba de acuerdo. Por esto y otros factores, Vasconcelos bebió tragos amargos en el ambiente político en diversas ocasiones. Su carrera política inició con el Maderismo. Cuando vivía en la ciudad de México le fue presentado Francisco I. Madero, quien estaba en busca de “hombres independientes, decididos”.

Por la manera en que se expresa Vasconcelos de Madero en “Ulises Criollo” es evidente la admiración que le tenía (y le tuvo durante toda su vida). También, ya una vez dentro de este círculo de “rebeldes”, conoció a otro de los personajes más influyentes de la revolución: Antonio Díaz Soto y Gama, a quien, al igual que a Madero le muestra una gran admiración: “Yo lo admiraba porque había tomado parte en el conato de rebelión magonista cuatro años antes, en protestas de la penúltima reelección de Porfirio Díaz.”

La labor de Vasconcelos como militante del partido antirreleccionista era la propaganda; crear clubes y encargarse de la prensa eran sus principales tareas. En febrero de 1913 Victoriano Huerta, con el apoyo del embajador de los EUA Henry Lane Wilson, llega a la presidencia, y una vez asesinado Madero y Pino Suárez, desencadena una ola de persecución hacia todos aquellos que se opusieran a su mandato. Como era de esperarse, Vasconcelos padeció estas persecuciones, e inclusive fue encarcelado, pero pocos días después se le dejó en libertad, la cual aprovechó para huir al extranjero. Fuera del país, Vasconcelos fungió como el representante del Ejército Constitucionalista frente a Francia e Inglaterra.

Su misión era convencer a dichas naciones de dos cosas:

  • Desconocer el gobierno ilegitimo de Huerta.
  • Persuadirlas de que le nieguen los préstamos que Huerta les había pedido.

Cuando Huerta decide renunciar parecía que la paz por fin regresaría, pero las diferencias entre los principales líderes revolucionarios crecieron a tal grado que se vieron en la necesidad de organizar la llamada “Convención de Aguascalientes” en la que se designó como presidente interino a Eulalio Gutiérrez. Esta decisión molestó a Carranza, quien desconoció la convención y se nombro a sí mismo como presidente de la nación. De nuevo la guerra civil manchaba de sangre el territorio nacional. El año de 1915 “fue el año de las batallas del hambre y el caos político”.

Todo esto decepcionó a Vasconcelos, principalmente la actitud que había tomado Carranza frente a la Convención. En su obra “La Tormenta”, realiza fuertes críticas, aunque muy acertadas, en relación a las maniobras políticas de Carranza, críticas que en su momento le costaron el exilio (de nuevo): “Una vez electo Primer Jefe don Venustiano Carranza, fue él quien representó y ha venido representando la legalidad en el país; pero representa esa legalidad como Jefe del Ejército Constitucionalista, pues la verdadera soberanía popular actualmente reside y ha venido residiendo (…) en el Ejército Constitucionalista, que es el ejército del pueblo soberano” .

En estas líneas Vasconcelos deja claro que Carranza no tenía ningún derecho a hacerse con la silla presidencial; era el jefe de un ejército, pero no de una nación, si alguien tenía que designar un presidente, solo la “Convención” podía hacerlo.

Cuando Carranza es asesinado en 1920, Álvaro Obregón llega al poder y nombra a Vasconcelos como Secretario de Educación Pública (su faceta como educador se verá páginas más adelante). Pero para 1928, es decir, en la última etapa de la Guerra Cristera, Obregón es asesinado, justo después de haber ganado por segunda vez las elecciones presidenciales.

Para 1929 el presidente interino Emilio Portes Gil había convocado a elecciones, por supuesto el candidato del PNR (Partido Nacional Revolucionario, fundado ese año) Pascual Ortiz Rubio, era el favorito para ganar la contienda electoral. Por su parte, la convención antirreleccionista se había carteado con Vasconcelos para que fuera él el candidato presidencial de esta facción política. Él estaba dispuesto a participar en las elecciones siempre y cuando aceptaran ciertas condiciones o propuestas:

  • Respeto efectivo a la vida.
  • Fomento de la pequeña propiedad.
  • Desamortización de los bienes de los líderes enriquecidos durante la revolución, etc.

Era claro que Vasconcelos buscaba redimir la revolución que se había convertido en ese entonces en una excusa para hacerse con el poder y no para cumplir con las demandas populares.

Otro elemento importante que desde los ojos de la “élite revolucionaria” y de los intereses estadounidenses convertían a Vasconcelos en un hombre peligroso, era que su política de libertad de cultos, contrario a la persecución religiosa realizada por Calles, podía darle cierto poder a la iglesia y poner en riesgo la hegemonía “yankee”.

Muchos de los llamados Cristeros eran partidarios de Vasconcelos. En Guadalajara dos representantes del General Gorostieta (general cristero) le llevaron su saludo y una cordial invitación de que en caso de problemas ellos (los cristeros) le darían refugio en las montañas7

Vasconcelos tuvo muchos detractores, algunos lo calificaban de reaccionario, otros de “idealista” o de “soñador”.  Sin embargo, las propuestas del oaxaqueño no eran tan “soñadoras” si se analizan con detenimiento:

  • Nacionalización de los recursos naturales.
  • Atacar a los líderes obreros que se comportaban como caciques.
  • Reforma política que castigara a aquellos funcionarios públicos que no realizaran honestamente su trabajo.

Pero a pesar de todo su esfuerzo, Vasconcelos, y el Partido Antirreleccionista perdieron las elecciones, en lo que se puede considerar como el primer fraude electoral en la historia de México.

Desde el inicio de la campaña se registraron diversos incidentes, principalmente cuando se trataba de manifestaciones, tal como el ocurrido en la Ciudad de México el 10 de noviembre de 1929, cuando partidarios de Vasconcelos se enfrentaron contra seguidores del candidato Pascual Ortiz Rubio; esta manifestación terminó en una balacera.

El día de las elecciones la violencia no podía faltar. Numerosos “matones” hicieron gala de su brutalidad golpeando a los votantes y manipulando los votos. A pesar del gran apoyo popular que obtuvo durante su campaña, los resultados “oficiales” declaraban a Pascual Ortiz Rubio ganador con dos millones de votos, y Vasconcelos solamente con doce mil votos.

Sin pensarlo dos veces, Vasconcelos y sus más allegados promulgaron el Plan de Guaymas el 10 de diciembre de 1929, que entre otras cosas, desconocía el gobierno de Pascual Ortiz Rubio, y solo lo reconocían a él como presidente; exhortaba al pueblo a un levantamiento armado contra el gobierno ilegitimo, pero por desgracia, este plan no tuvo mucho eco entre la población y la lucha armada por la que propugnaba quedó en el olvido, dejándole el paso libre a los hombres de Plutarco Elías Calles, el PNR y la CROM (Confederación Regional Obrera Mexicana) para hacer y deshacer dentro de la política mexicana.

Esta fue una derrota dolorosa para Vasconcelos, quien de nueva cuenta se exiliaría en el extranjero y no regresaría sino hasta años después. Son muchas las hipótesis acerca de las elecciones de 1929.

Se ha dicho que Vasconcelos perdió las elecciones de ese año debido a su “inexperiencia” política. Si por experiencia se refieren a ser corrupto, no respetar el voto y asesinar a sangre fría, entonces la derrota de Vasconcelos fue justa pues “no contó con factores y actitudes que él por su pureza de alma, no podía usar”.

Durante su último exilio, el pensamiento político de Vasconcelos, se inclinaría por las ideas del nacionalsocialismo. Recordemos que los nacionalsocialistas veían en México una fuente importante de recursos naturales que le podían garantizar estabilidad económica, además, de que la frontera con los Estados Unidos de América facilitaba una invasión a ese país (lo cual no hubiera sido tan trágico).

Fueron diversas las actividades de propaganda realizadas en México por los nazis, y Vasconcelos participo en una de ellas. En esta etapa tan poco conocida de su vida, Vasconcelos fue un portavoz importante de la ideología nazi. La revista “Timón” fue el medio por el cual Vasconcelos transmitió sus ideas nacionalsocialistas. Esta revista comenzó a circular el 22 de febrero de 1940, sin embargo, 16 números después el gobierno mexicano la clausuraría. La revista además de la propaganda nacionalsocialista, se dedicaba a atacar a las naciones aliadas, como Inglaterra o Francia, así, como publicar algunas noticias de Alemania.

La pluma de José Vasconcelos se mantuvo muy activa los meses en que la revista “Timón” existió. De acuerdo a lo que escribió en esta revista, concebía a Hitler como el líder escogido por el pueblo, situación que desde su punto de vista no existía en México desde hace mucho tiempo, pues los caudillos se hacían del poder a base del fraude o del asesinato; la siguiente cita ilustra mejor lo antes dicho: “Hitler, representa, en suma, una idea, la idea alemana, tantas veces humillada antaño por el militarismo de los franceses, la perfidia de los ingleses. En contra de Hitler, es verdad, se hayan combatiendo “Democracias” gobernadas por civiles. Pero son Democracias de nombre”.

El Educador.

La revolución mexicana le encomendó a Vasconcelos la noble tarea de educar a los y las mexicanas. Desde muy chico estuvo al tanto de la importancia del estudio; gustoso iba a la escuela, y era consciente de que por medio de una educación de calidad el país saldría de ese pozo de analfabetismo en el que se encontraba.

Su primera misión educativa le fue encargada por el presidente Adolfo de la Huerta cuando lo nombró rector de la Universidad Nacional, puesto en el que estuvo entre el nueve de junio de 1920 y el primero de octubre de 1921. Una vez en ese puesto comenzó mejorar la calidad de la educación. A Vasconcelos de le atribuye el lema de la UNAM (en ese momento Universidad Nacional): “Por mi raza hablará el espíritu”, asi también, bajo su gestión como rector se diseñó el escudo de esa universidad. Acerca del porque del lema, Alfonso Taracena rescata parte del discurso de Vasconcelos donde se exponen los motivos: “Se significa en este lema la convicción de que la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias nuevas de esencia espiritual y libérrima. Sostendrán el escudo un águila y un cóndor, apoyado todo en una alegoría de los nopales y el nopal azteca”

Después de ser rector de la Universidad Nacional, y ahora con Obregón como presidente del país, fue nombrado secretario de educación pública el doce de octubre de 1921. Los resultados no se hicieron esperar, el nueve de julio de 1922 se inauguró la sede de la Secretaría de Educación. Mientras él estuvo al frente de la recién creada secretaría, los avances en materia educativa fueron notables. Se fundaron bibliotecas, se trabajó por mejorar el nivel cultural de los maestros y se cesaron a todos aquellos que no eran aptos para la enseñanza sin mencionar que se crearon un gran número de escuelas tanto urbanas como rurales.

De nueva cuenta se volcaba el interés por los clásicos de la literatura universal, al reimprimirse millones de ejemplares; también fueron editados y regalados dos millones de libros de lectura primaria asi como obras de Historia y Geografía. Las escuelas fueron equipadas adecuadamente para el aprendizaje.

Para una mejor efectividad la misma Secretaría de Educación se dividió en tres departamentos: Escolar, Bellas Artes y Bibliotecas. Es digno de mención el gran desarrollo del departamento Escolar, pues prácticamente en él se organizaba desde la educación preescolar hasta la media superior, pasando por las escuelas técnicas.

Por supuesto las artes no se quedaron atrás, pues Vasconcelos creó programas para su crecimiento. El caso más conocido es el apoyo que le dio al muralismo al proporcionar los medios a los muralistas mexicanos para realizar sus obras, facilitándoles los muros de los principales edificios del país para que fueran usados como lienzos.

Pero Vasconcelos no solo se enfocó en las Bellas artes también bajo su gestión crecieron las escuelas técnicas con el fin de modernizar el país. Creó un programa educativo en el que la libertad del pensamiento convivió libremente con la rigurosidad de la técnica: “En materia de enseñanza técnica, Vasconcelos rechaza el pragmatismo de la escuela norteamericana ostentada por Dewey, lo que no significa rechazo al trabajo manual: éste se aprecia pero sin descuidar la necesidad del razonamiento y del conocimiento teórico.”

En medio de las turbulencias políticas, la educación de los primeros gobiernos revolucionarios rindió frutos (por lo menos mientras estuvo Vasconcelos al frente de le Secretaría de Educación).

Conclusión.

José Vasconcelos representa al ciudadano que repudia el régimen porfirista, y se une al movimiento revolucionario para combatirlo; pero a su vez representa al ciudadano que, al igual que muchos, se sintió defraudado por el camino que siguió la revolución. Pudo haberla cambiado de rumbo, pero por desgracia, el partido “oficial” le arrebató (por medio de un fraude) esa oportunidad, no solo a él sino a todo el país.

Pero para ese entonces este polifacético hombre ya había dejado todo un legado en la Universidad Nacional y en La Secretaría de Educación Pública. Hoy en día la SEP deja mucho que desear, pero mientras estuvo Vasconcelos al frente de ella, esta institución era por mucho el mas latente resultado (positivo, claro está) de la revolución en medio de un mar de mafias (como la CROM), asesinatos, traiciones y ambiciones políticas.

La mayoría de esos nombres que año tras año que se conmemora la Revolución Mexicana se les rinde homenaje están manchados de sangre, de corrupción, pero aun así se encuentran en el “altar de la patria”; Vasconcelos, es quizás, de los pocos que salieron “limpios” de la contienda revolucionaria al no dejarse llevar por las frivolidades de muchos de sus contemporáneos.

Autor: Arturo Mercado Padilla