¿SOMOS REALMENTE UN PAÍS MESTIZO?

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Desde tiempos de la Revolución, la consigna fundacional del nuevo régimen, alimentada por la gran contribución de José Vasconcelos al pensamiento mexicano, nos dice que somos un país mestizo, siendo este el nuevo factor de unidad nacional (en reemplazo del catolicismo colonial).

Sin embargo, aunque es cierto que tenemos nuestro propio crisol cultural y racial (y aquí hay que señalar que el multiculturalismo mexicano es identitario, a diferencia del multiculturalismo moderno y cosmopolita de la Unión Europea y Estados Unidos), también debemos identificar bien la realidad de nuestro mapa humano.

Primero, en el corazón de nuestro país, es decir, los estados de Puebla, Morelos, Tlaxcala, Hidalgo, México y la Ciudad de México (aunque esta situación se extiende también a lo largo y ancho de nuestro territorio), una mayoría de población ladina y no mestiza.

¿Quiénes o qué son los LADINOS? Este término fue acuñado en el sur del país y en Guatemala, y se refiere a aquellas poblaciones que racialmente descienden casi exclusivamente de indígenas, pero que perdieron su cultura y su lengua. El ladino, a diferencia del indígena, habla solo español, profesa un “catolicismo” de feria patronal y corresponde en gran medida al concepto que el maestro Salvador Borrego define como PRE MEXICANO. El ladino generalmente desprecia y maltrata al indígena (que frecuentemente emigra como jornalero al centro del país), pero se somete servilmente al blanco o al mestizo (aunque en el fondo le tenga una profunda envidia).

Existe, dando crédito a Vasconcelos, la población mestiza genuina que generalmente vive en las zonas urbanas y que tiene el mayor grado de consciencia nacional, aunque en efecto, se diferencia muy poco culturalmente y socialmente del eurodescendiente. Y claro está, tenemos a la gama de pueblos originarios que conservaron su lengua y tradiciones, y que hoy constituyen un 10% de la población.

Es aquí donde entramos a un punto difícil de tratar, cuando analizamos el caso de aquellos programas gubernamentales en diversos estados, que implican envíos de dinero público a comunidades indígenas. ¿Quién es indígena y quién no lo es? En algunas partes, se ha asignado tal denominación a comunidades migrantes que no son oriundas del estado en cuestión, lo cual favorece el desarraigo social. En otras áreas del país, se ha asignado tal denominación a personas que carecen de identidad indígena y buscan anexarse a programas sociales.

El levantamiento zapatista de 1994 tuvo el gran acierto de poner en el debate nacional la cuestión indígena, pero se equivocó rotundamente al hacer mas grande la brecha entre estas y nuestras poblaciones ladinas y mestizas.

Los zapatistas hablaron de autonomía y reconocimiento como sujetos de derecho a pueblos originarios separados de la mayoría de los mexicanos, pero no trataron jamás el tema de la nacionalización del pueblo, lo cual es una cuestión de mucha mas trascendencia.

En este sentido, nuestro movimiento como corriente de pensamiento nacionalista, plantea la necesidad de nacionalizar culturalmente al pueblo con el fin de unir a los mexicanos, no de separarlos los unos a los otros.

Nosotros creemos que la lengua indígena predominante en una región del país (el Náhuatl en Morelos, el Mixteco en Guerrero, el Zapoteco en Oaxaca, etc.), debe estandarizarse para que se enseñe a las mayorías ladinas y mestizas. De esta forma podrá combatirse mejor la discriminación y la discordia entre nuestras comunidades, y se contribuiría notablemente a la formación de sanos regionalismos, como oposición al falso federalismo disgregador.

Combatir el ladinismo, foco principal de la traición y la carencia de consciencia nacional en las masas del pueblo, debe ser una tarea de principal trascendencia para el nacionalista. Aquí entra la formación filosófica de las masas, donde el pensamiento mexicanista (el cual no es religioso ni tiene nada que ver con las falsas ideas de los sacrificios y el politeísmo), puede ser un gran medio para acelerar la nacionalización cultural de los mas jóvenes, en un contexto laico pero espiritual, que no contravenga la libertad religiosa en México.

Es menester que en el Estado identitario se mantenga un balance entre el nacionalismo interno, regionalista e indianista, y el nacionalismo externo, de vocación iberoamericanista, tal como era la consigna de promotores del nacionalismo mexicano como Vasconcelos y Rodolfo Nieva López, quienes a pesar de haber evolucionado hacia dos vertientes distintas, fueron los principales teóricos de nuestro nacionalismo.

Autor: Juan Carlos López Lee