¿PODRÍAMOS PERDER BAJA CALIFORNIA?

Los nacionalistas siempre tendemos hacia el pesimismo y esto es una realidad. Pero somos conscientes de que México existe gracias a un crisol cultural y a la contribución de diversas etnias integradas a la comunidad nacional.

Comunidades como la libanesa, la armenia, la rusa, la francesa, la española, la proveniente del África negra, entre otras, se han distinguido por su integración plena a nuestra cultura y su genuino patriotismo. Es este crisol, aquel que es identitario, el que nosotros avalamos, en contraposición al multiculturalismo apátrida venido de fuera.

No obstante, también debemos reconocer que cuando nuestro país ha abierto las puertas a cierto tipo de inmigrantes de manera masiva (sobre todo aquellos notablemente cercanos a los gobiernos de sus países de origen o a ciertos movimientos políticos apoyados por el gobierno mexicano), todos hemos salido perdiendo.

Como ejemplo de esto, tenemos el caso de Tejas, Nuevo México y California a inicios del Siglo XIX, donde diversos gobiernos mexicanos (casi todos ellos ilegítimos y producidos por cuartelazos) otorgaron permisos de colonización a expansionistas estadounidenses, que pronto se sublevaron contra México para anexar el territorio que ocupaban, a los Estados Unidos,

Mas recientemente, tenemos el caso de la inmigración judía y china en los años 20’s, que terminó por hundir el comercio urbano en la Ciudad de México, ya de por sí muy lastimado por la revolución. Y la “buena voluntad” del gobierno cardenista al mandar traer de España a los comunistas y anarquistas de la Guerra Civil Española, a los cuales el Estado mexicano otorgó la formación ideológica e intelectual de varias generaciones de mexicanos (resulta curioso este “hispanismo” súbito del gobierno revolucionario, cuando pocos años atrás, los caudillos locales habían ahorcado a decenas de españoles residentes en México).

Aún así, el caso que nos concierne ahora es el primero, pues no debemos olvidar que aún después del Tratado de Guadalupe Hidalgo, Estados Unidos intentó comprar o anexar otra gran extension de nuestro territorio, que México logró conservar gracias a la hábil negociación de Santa Anna (que solo accedió a vender “La Mesilla” en 1853) y a la negativa del Congreso Norteamericano a aceptar el Tratado McLane-Ocampo, que impulsaba Juárez.

La Península de Baja California era el principal objeto de las ambiciones yanquis por su ubicación geográfica y es gracias a la tenaz resistencia de los baja californianos durante la Intervención Norteamericana, que los negociadores del invasor desistieron en tomarla para sí.

A pesar del impulso del Gral. Múgica a la colonización y de la fundación de la comuna María Auxiliadora, a cargo de la Unión Nacional Sinarquista en los años de la Segunda Guerra Mundial, hoy en día, Baja California Sur continúa siendo una región muy poco poblada del país (con poco más de 600,000 habitantes), que no figura para nada en las noticias ni interesa a los medios de comunicación.

Según datos del Instituto Nacional de Migración (INM), por ejemplo, en Baja California Sur (BCS), hasta el último día del año 2015, vivían 28,563 extranjeros, de los cuales 21,141 son residentes temporales y 7,422 residentes permanentes, cifra que francamente no representa la realidad, pues es evidente que en poblaciones como Todos Santos, Loreto, San José del Cabo, Cabo San Lucas, Mulegé y Guerrero Negro, los estadounidenses se han adueñado de enormes extensiones de tierra, en parte gracias a las bondades del tipo de cambio, y al hecho de que por el alto costo de los terrenos y viviendas, estos son incomprables para los residentes mexicanos.

En Loreto, por ejemplo, no existen vuelos desde esa ciudad a la Ciudad de México, pero si los hay hacia Los Ángeles y Calgary. ¿Quién diseña la política de comunicaciones aéreas en México?

Dada la presencia de poderosas transnacionales hoteleras en Baja California Sur, y al expansionismo agresivo de los residentes yanquis, es urgente que más mexicanos, en vez de emigrar a las grandes metrópolis del centro del país, tomen rumbo hacia la península para defender la mexicanidad y evitar una tragedia más para nuestro país.

El ejemplo de José Antonio Mijares, español naturalizado mexicano, y el capitán Manuel Pineda, que lucharon contra los invasores yanquis, debe estar siempre presente en la memoria del pueblo de Baja California Sur. Es menester que el movimiento nacionalista reclame los derechos de México para que nuestro gobierno imponga restricciones a la compra de tierras a cargo de los extranjeros, para bien de nuestra patria.

Autor: Luis Muñoz Cortés