LA DECADENCIA DEL FEDERALISMO

Cuando México logró independizarse de España, el proyecto iturbidista se convirtió en una piedra en el zapato para los caciques locales. Por eso, no es casualidad que la Constitución de 1824 haya optado por el federalismo y por la república, pues sabían los caudillos insurgentes que el pueblo los aborrecía por sus abusos, y que la nueva ley magna les daría a ellos el control que tanto anhelaban.

Hoy, casi doscientos años después de la tragedia republicana, los cacicazgos y la mala administración van de la mano en Morelos y Veracruz, donde el implacable autoritarismo ha hecho resurgir la violencia y el extremismo.

A diferencia de lo que ocurrió en otros Estados a partir del 2000, donde las oligarquías locales fueron fundamentales para desplazar del gobierno al Partido Revolucionario Institucional (que restringía su poder), en Veracruz la oligarquía local ya había logrado controlar al PRI, y este Estado jamás vio la alternancia. Valiéndose de grupos de choque izquierdistas (como el tristemente célebre Frente Popular Revolucionario), los colaboradores de Javier Duarte han hecho de Veracruz una zona de combate donde diversos grupos radicales y mafias criminales luchan por posiciones dentro del poder local, convirtiendo al Estado en un cementerio.

En el caso de Morelos, por el contrario, fue la alternancia la que otorgó el poder a la oligarquía local, pues unas cuantas familias controlan los partidos políticos y las presidencias municipales, así como también la venta de terrenos y fraccionamientos. Para ellos, el triunfo electoral del perredista Graco Ramírez en el 2012, supuso un fuerte golpe, pues el nuevo gobernador, de origen tabasqueño, se rodeó de fuereños. Por tanto, casi desde el primer momento, las familias de los multimillonarios desplazados del gobierno, constituyeron la “Coordinadora Morelense de Movimientos Ciudadanos”, cuyo dirigente ha pretendido manipular a la ciudadanía bajo la fachada de la oposición, pero pidiendo a gritos el retorno de las familias de los ex Gobernadores desplazados, al poder.

El gobierno federal, maniatado por las leyes que su partido aprobó, ha sucumbido frente al poder de los gobernadores. En Morelos, por ejemplo, el gobierno federal promovió el “Mando Único” policíaco, que dio al gobernador un poder absoluto para extorsionar automovilistas y hostigar ciudadanos, aniquilando la autonomía municipal y abandonando a su suerte a muchas comunidades, donde el secuestro y la inseguridad se han disparado. Ciertamente, los opositores de Graco ahora exigen que esta figura política no se implemente. Sin embargo, una vez que caiga Graco Ramírez, el que gane lo conservará, pues es un valioso instrumento de dominación.

En un ridículo intento por congraciarse con sectores progresistas, el gobernador ha promovido la aprobación de las bodas homosexuales.

Casi al mismo tiempo Veracruz continúa sufriendo el despotismo del dictador bananero, cuyo régimen es una tumba para los periodistas, los defensores de los derechos humanos, los jóvenes y los migrantes, pues decenas y decenas de personas son secuestradas en las carreteras por la policía y entregadas a grupos armados del crimen organizado para ser interrogadas, torturadas y ejecutadas, como sucedió hace unos días en Tierra Blanca.

Muy distinto hubiese sido el destino de México, si hubiese prosperado la división política promovida por Orozco y Berra durante el Segundo Imperio, su hubiésemos dado importancia a la institución municipal y comunitaria por encima de la disgregadora esencia federalista, que Porfirio Díaz y Lázaro Cárdenas tuvieron que convertir en letra muerta con el fin de mantener unido al país.

Sin duda alguna, el federalismo es un lastre que los mexicanos nacionalistas debemos combatir con todas nuestras fuerzas. La única opción viable para restaurar la paz y la concordia, es la instauración de una república unitaria y descentralizada, que otorgue un equilibrio en los tres niveles de gobierno y reconozca la pluralidad cultural y social de la nación mexicana.

Para esto necesitamos propagar el ideal en todas partes, establecer polos de formación en cada capital del país y hablar en foros y eventos. El frente construye esta alternativa para el futuro, a partir de sus núcleos.

¿Ya te uniste a alguno?

Autor: Juan Carlos López Lee