LUZ Y SOMBRA DEL NEOZAPATISMO

Se han cumplido ya veintidós años de aquel día en que tuvo lugar el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, el cual dio a muchos la esperanza de que pudiese darse un gran despertar de la sociedad.

Y es congruente referirnos a este tema porque hay muchos que señalan similitudes entre el movimiento nacionalista y los zapatistas de Chiapas, ante lo cual debemos ser cautelosos.

Primero que nada, aunque los zapatistas originales de Morelos redactaron alguna proclama en náhuatl, siempre se asumieron estos como un movimiento agrarista y nunca como uno indigenista, como pretendía ser el EZLN, el cual se decanta por la autonomía indígena y la reivindicación social de las comunidades, pero no por la nacionalización cultural y social de todo el pueblo, como lo hacemos los nacionalistas.

El EZLN en este tema, es muy hostil hacia las mayorías del país, que por ahora no se declaran indígenas al haber perdido sus raíces tras siglos de modernización y conquistas, pero a las cuales no tenemos por qué despreciar ni excluir, o etiquetar como “mestizos” de forma despectiva. Los nacionalistas creemos que todos tenemos cabida en el México nacionalista e identitario, y que la nacionalización del pueblo requiere la nacionalización cultural de las mayorías.

Con el EZLN hay muchos puntos de contacto, como son la idea de los municipios autónomos, la democracia orgánica y la defensa de la identidad indígena. Sin embargo, nos separan los conceptos.

Es innegable que en su momento el EZLN constituyó un genuino movimiento social de lucha contra el régimen neoliberal. El momento era propicio para una gran insurrección popular pacífica, que pudo desembocar en una nueva Constitución Política, en una magna reforma electoral y en la formación de un partido identitario mexicanista.

Sin embargo, la dirigencia zapatista se mostró errática y desconfiada. Luego de los fallidos acuerdos de San Andrés, pero sobre todo después de 1997, el EZLN inexplicablemente se replegó en el cobijo tradicional de organizaciones marxistas, a la vez que, por petición del líder insurgente Marcos, se desmanteló el gran movimiento social que buscaba otorgarle una estructura de apoyo ciudadano al movimiento zapatista, y que era lo suficientemente amplio para dar cobijo a cristianos y sinarquistas por un lado, y a diferentes facciones de izquierda por otro, que en medio de una decepción generalizada se difuminaron.

Las ocasionales golpizas de anarquistas a simpatizantes del EZLN son un ejemplo de cómo el levantamiento zapatista ha perdido importancia en los recuerdos de los jóvenes actuales de izquierda, que por su edad no lo vivieron, y que en la práctica lo desprecian como otro “movimiento patriótico”, de una patria en la que ellos no creen.

Por tanto, no hay contradicción entre nuestra defensa de las instituciones armadas de México, como el único reducto de nuestro proletariado y de la soberanía nacional, y el comulgar con los ideales patrióticos de la lucha insurgente del EZLN, entendida como una lucha en contra de Salinas y su régimen criminal y vendepatrias.

Por eso, hacia el EZLN, los nacionalistas mantenemos una actitud crítica, no sin dejar de reconocer la trascendencia de sus acusaciones ante el sistema colonialista y depredador que nos han impuesto.

Así mismo, es necesario seguir firmes en nuestra denuncia ideológica contra aquellas organizaciones dogmáticas y y delincuenciales que se “cuelgan” de la lucha de los pueblos indígenas de forma hipócrita, ocultándole a sus seguidores que el establecimiento de la Unión Soviética en 1917 representó un genocidio cultural contra los pueblos indígenas del Báltico y del Cáucaso, que hasta hoy no han podido recuperarse de la rusificación forzada.

En Frente Nacionalista de México es hoy la organización mas agredida por los grupos de choque de los enemigos de México, pues nos hemos atrevido a arrebatarles a los izquierdistas el discurso mexicanista que ellos usan para engañar a las comunidades indígenas y a los jóvenes, pues ellos se envuelven en la bandera nacional para reclamar soberanía e independencia hacia afuera, pero promueven el internacionalismo y la república universal hacia adentro.

El mismo Marcos denunció en aquella época a esas organizaciones por los mismos motivos que lo hacemos nosotros.

¿Por qué entonces se deja cobijar ahora por ellas?

Autor: Juan Carlos López Lee