LA DISIDENCIA MAGISTERIAL, LA CARA VIOLENTA DEL SISTEMA

Una semana antes de las elecciones federales de este 7 de junio de 2015, los mexicanos fuimos testigos de cómo un grupo sindical económicamente poderoso, apoyado por grupos subversivos, logró amedrentar a todo un conjunto de instituciones electorales y políticas a un grado en que se barajó la posibilidad de posponer los comicios.

La suma violencia que caracteriza a los “maestros” disidentes, su nulo espíritu de patriotismo y su repudio hacia todo aspecto grandioso de nuestra nacionalidad los han orientado a abrazar posturas extremadamente dogmáticas y sectarias.

Ni siquiera la activista guatemalteca Rigoberta Menchú, que tuvo el valor suficiente para sugerir vínculos entre los normalistas de Ayotzinapa y organizaciones subversivas, se salvó de la furia patética de las organizaciones marxistas y sus dirigentes.

Para ellos, la derrota obvia y evidente del bloque soviético en 1989, no representa nada. Por tanto, ellos no dudan en lanzarse contra cualquier intento civilizado de parte de la izquierda (ya sea MORENA, el Partido de los Pobres de Guerrero, etc.) por tomar el poder.

Refugiados en las “normales rurales”, los dirigentes de la disidencia magisterial han extorsionado al gobierno de manera constante y permanente. Quieren preservar sus privilegios laborales solo para ellos, sin importar la situación del país ni el bienestar de los demás. Su ideología marxista-leninista es dogma de fe en decenas de facultades y escuelas, donde los pocos estudiantes que cuestionan sus doctrinas son golpeados o amenazados.

Para defender la legitimidad de su presencia, los profesores marxistas nos dicen que la fuerza de su movimiento en estas regiones se debe a la marginación y la pobreza. Sin embargo, la realidad nos dice que son los modelos de desarrollo implementados por la izquierda en esos estados (contrarios a las inversiones, a la libre empresa y a la pluralidad política) los que, de hecho, han coadyuvado a perpetuar la pobreza. Basta ver la diferencia sustancial que existe entre Guanajuato y Michoacán, por ejemplo, para darnos cuenta de que se trata de dos mundos distintos.

Partidos como MORENA, en un afán desesperado por ser considerados “de oposición”, han tratado de vincularse, sin mucho éxito, a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y a la causa de Ayotzinapa. Sin embargo, ellos no son de oposición. Esta disidencia magisterial es un sueño disuasivo: la cara que el régimen pretende mostrar al pueblo como lo que le pasaría a México si se quebrantara la “continuidad republicana”, representada por el rancio liberalismo internacionalista del PRI y del PAN, que muestran a Cuba y a Venezuela como el ejemplo de lo que podría ser un México sin ellos.

Otro aspecto digno de mención, es que los medios de comunicación solo se concretan a denunciar a la disidencia magisterial por ser “violenta”. Sin embargo, jamás tocan los medios el tema ideológico. La militancia comunista y el claro perfil ideológico marxista-leninista de los dirigentes de la CNTE y de Ayotzinapa es algo que los medios ocultan al pueblo con el fin de presentar el conflicto como una mera disputa laboral e institucional, cuidando no desacreditar el perfil ideológico de los maestros, ya que muchas organizaciones oficialistas también son partidarias del marxismo aunque ostenten su militancia en el PRI.

Nuestro movimiento nacionalista entiende esta situación y tendrá que responder ante la sociedad para comenzar a forjar liderazgos serios en diversos puntos del país.

No basta lamentarse por el futuro, hay que luchar por él. ¿Estamos listos para comenzar?

Juan Carlos López Lee