DONALD TRUMP Y EL CALDERONISMO

En Estados Unidos ha comenzado la carrera por la nominación presidencial en los dos partidos dominantes del país. Aunque entre los precandidatos hay personajes con mucho mas peso político, el discurso ultraderechista de Donald Trump se destaca por su particular dureza en relación a México.

Para Donald Trump, México es un mal vecino, que envía lo peor de su sociedad a los Estados Unidos. Los mexicanos, según él, están destruyendo económicamente su país y han llenado las calles de criminales violentos.

Para no ser injustos con Trump, hay que reconocerle que ha sabido identificar perfectamente el hecho de que la burguesía mexicana es profundamente anti-nacional y prefiere gastar su dinero en Las Vegas y Disneylandia, que en algún proyecto que beneficie a sus hermanos.

Por tanto, Trump ha propuesto construir un muro enorme en la frontera, que sería pagado con el dinero que los mexicanos destinan a la compra de visas estadounidenses. Así mismo, otros republicanos supremacistas como Ted Cruz, se preparan para nombrar un nuevo virrey que administre México en su nombre.

Lamentablemente, ya hay un grupo político en México, listo para asumir tan indigna tarea, el calderonismo.

Felipe Calderón, surgido del fraude electoral, fungió seis años como cabeza de una administración militar extranjera en México. Sumiso ante la política de seguridad nacional implementada por Obama, Calderón permitió que agentes migratorios de Estados Unidos despacharan en los aeropuertos mexicanos y decidieran quiénes podían entrar a México y quiénes no.  Así mismo, permitió la entrada a México a todo aquel extranjero que portara una visa estadounidense, tal y como si el solo hecho de tener una visa de Estados Unidos ya “incluyera” en el “paquete” completo, a México.

Con el fin de evitar que el gobierno de Estados Unidos tuviera que librar la guerra contra las drogas dentro de su su propio territorio, las erráticas aciones de Calderón para impedir que la droga llegara a Estados Unidos, desataron una espiral de violencia interna que costó la vida de miles y miles de mexicanos dentro de nuestro territorio nacional. Calderón lanzó a las fuerzas armadas mexicanas a una guerra interna para la cual no estaban facultadas legalmente, lo cual las expuso al escrutinio internacional.

La pesadilla duró seis años y en el 2012, ante el repudio generalizado de la población, el calderonismo fue echado a patadas del poder por la vía electoral. El régimen de Enrique Peña Nieto, aunque ha hecho intentos por frenar el anexionismo de Estados Unidos, no ha podido safarse totalmente de los compromisos adquiridos por Calderón.

Impulsada y cobijada por el imperialismo norteamericano, bajo un claro afán entreguista, la derecha mexicana aliada a las balas del invasor, pretende colarse de nuevo al poder mediante la falsa promesa de aplicar la “mano dura” contra el crimen. Con la ultraderecha regresaría también el terrorismo fiscal del IETU y el IDE, e inclusive el IVA en alimentos y medicinas.

En cuanto a Peña Nieto, resulta comprensible que no haya respondido a Trump de manera directa, pues otra acción implicaría darle a Trump una importancia que no tiene. Sin embargo, Felipe Calderón se ha vuelto un vocero de los intereses estadounidenses en América, descalificando públicamente a gobernantes como Nicolás Maduro, que no representa ningún peligro para la soberanía nacional y que, a lo mucho, ha criticado la falta de patriotismo en nuestro gobierno, cosa que no es sino una verdad dolorosa.

Con Trump, los “buenos vecinos” han dado a conocer su verdadera cara, y esto servirá para desengañar a muchos de los que aún repiten (hasta el cansancio) el discursito que resalta las contribuciones de los migrantes a la vida económica de los Estados Unidos, con el fin de no tocar el tema de la soberanía y la libre determinación para los millones de mexicanos que viven sometidos a una autoridad extranjera en el territorio ocupado.

Margarita Zavala ha denunciado y repudiado abiertamente al nacionalismo, lanzándose a favor de la sumisión a Estados Unidos, con un discurso ambiguo que no toca para nada el tema de la soberanía nacional. En efecto, se apega a Hillary Clinton con el fin de proteger los intereses de los exportadores, pero en el fodno cooperará y se someterá a quien resulte ganador.

Resulta positivo que Trump haga despertar a nuestros connacionales. Sin embargo, si rechazamos las actitudes racistas y temerarias de Donald Trump, deberíamos también rechazar de forma tajante y clara las ambiciones políticas de la derecha reaccionaria y apátrida encabezada por Felipe Calderón y su grupo político.

Autor: Juan Carlos López Lee